Almu GutiérrezCerámica de mesa, torneada a mano

Platos y cuencos

Cuenco de gres con hojas talladas bajo un esmalte verde que se acumula en las líneas
Manos embarradas levantan una pared de gres oscuro sobre el plato del torno

Platos y cuencos

Tres medidas, un mismo barro

Un plato de pan, un plato del día y uno para servir. Un cuenco de salsa, uno de sopa y uno de ensalada. Seis formas, tres esmaltes y una ficha con medidas reales para cada una.

Las fichas

Lo que mide y lo que pesa cada pieza

Medidas tomadas sobre piezas ya cocidas, con calibre y báscula de cocina. Se dan con margen: el diámetro puede moverse un milímetro y el peso unos gramos de una pieza a otra de la misma serie. El alto se mide del pie al borde, y el pie va sin esmaltar y lijado.

Platos
PiezaDiámetroAltoPeso aprox.EsmaltesQué cabe
Plato de pan17 cm1,8 cm300 glos tresUna rebanada con su aceite, o el postre
Plato del día26 cm2,4 cm650 glos tresUna ración completa con hueco para la salsa
Plato de servir30 cm3,5 cm950 glos tresArroz para tres o una ensalada al centro de la mesa
Cuencos
PiezaDiámetroAltoPeso aprox.EsmaltesQué cabe
Cuenco de salsa12 cm6 cm260 glos tresAceitunas, una salsa, un yogur
Cuenco de sopa15 cm7 cm420 glos tresSopa, cereales, una ración de arroz
Cuenco de ensalada21 cm9 cm800 glos tresEnsalada para dos, pasta para servir

Los tres esmaltes van en las seis formas. Si pides una serie entera de una vez, sale de la misma hornada y del mismo cubo de esmalte, que es la manera de que quede lo más pareja posible.

Por qué no son iguales

Un milímetro y un punto de tono

El milímetro

Cada plato empieza en una bola de gres que se pesa antes de centrarla. Al tirar la pared, la mano abre el plato hasta una marca que hay pintada en el torno, y al levantar el cuenco se para en una altura que se comprueba con una regla. Aun así, la mano no repite con la exactitud de un molde.

Luego llega la merma: el gres pierde alrededor de una octava parte de su tamaño entre el torno y la salida del horno, y esa pérdida no es idéntica en cada pieza, porque depende de cuánta agua tenía la pasta ese día y de cómo se secó. Por eso dos platos de la misma serie pueden diferir en un milímetro de diámetro. En la mesa no se nota; apilados, a veces sí. Lo decimos para que nadie espere una vajilla de fábrica.

El tono

El esmalte se aplica por inmersión: la pieza en bizcocho entra en el cubo, se cuenta hasta tres y sale. Unas décimas de segundo de más o de menos cambian el grosor de la capa, y el grosor cambia el tono. Dentro del horno, además, la balda de arriba está unos grados más caliente que la de abajo, y el verde ceniza responde a esos grados con más o menos profundidad.

El resultado es que dos cuencos de una hornada se parecen como hermanos, y dos de hornadas distintas, como primos. Si quieres una serie lo más pareja posible, pídela entera y de una vez. Si compras una pieza suelta para completar una serie antigua, cuenta con esa diferencia: la aproximamos, pero no la borramos.

Qué esmalte para qué plato

Tres esmaltes, y para qué sirve cada uno en la mesa

El blanco hueso es el plato del día por excelencia: satinado, cálido, deja ver la comida y la textura del torno. A cambio es el que más se marca con los cubiertos, con unas rayas grises que salen con bicarbonato y un estropajo suave. El verde ceniza luce más que nada en los cuencos, porque se acumula en el fondo y allí se vuelve más profundo; en un plato llano clarea en el borde y se oscurece en el centro. El marrón hierro es el de servir: oscuro, brillante, rompe a herrumbre en el borde y disimula el uso mejor que ninguno.

Los platos se apilan por el pie: el pie sin esmaltar de uno descansa sobre el esmalte del de abajo. El pie va lijado, pero si tienes manía con las marcas finas, un paño entre plato y plato las evita. Los cuencos encajan unos en otros por medida, de pequeño a grande, y no conviene forzarlos.

Para pedir, basta decir la forma, la medida, el esmalte y cuántas unidades. Te contestamos con lo que hay en la balda y lo que habría que tornear, con su fecha de horno. En la balda de esmaltes está el detalle de cada receta y lo que va y no va al lavavajillas.

La balda caliente

Una serie entera, o un plato suelto

Dinos la medida, el esmalte y cuántas unidades, y te contestamos con lo que hay ya cocido y lo que entraría en la próxima hornada.